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Historia de
la heráldica
El uso de las armerías viene
de la evolución del equipo militar entre los siglos XI y XII, que hicieron
prácticamente imposible el reconocimiento del rostro de un caballero. El
casco de los caballeros (que figura todavía en los ornamentos exteriores)
cubría progresivamente la cara: la nariz está protegida por un nasal, la
cota de malla (que protege la cabeza y el cuello) tiene a cubrir la parte
baja del rostro y está definitivamente cerrado por una visera
móvil.
Para hacerse reconocer en las batallas y los torneos, los caballeros comienzan a pintar figuras distintivas sobre sus escudos (muebles y piezas o figuras geométricas). El escudero es un gentilhombre que acompaña a un caballero y carga su escudo. A partir del momento en el que el escudo porta las figuras distintivas, el escudero que porta el escudo puede representar al caballero, aún en su ausencia. El escudero es probablemente el origen de la representación de los tenantes en los ornamentos exteriores. Las cinco regiones principales del escudo (alto, corazón, flancos diestro y siniestro, punta) se refieren a partes del cuerpo del escudero que porta el blasón en el pecho y se presenta de frente. Como el escudero está visto de frente, "diestra" y "siniestra" están invertidos en heráldica en cuanto a su significación usual: la diestra del escudero es la izquierda del observador y viceversa.La razón de ser de un caballero es librar batallas. La batalla le permite probar
su valentía a través de sus encuentros y los rescates recolectados sobre
los vencidos aumentaban sus bienes materiales.En un comienzo no hay gran
diferencia entre el desarrollo de una batalla y el de un torneo. En los
dos casos se trata de una gran trifulca armada organizada en un campo de
batalla entre dos bandos, donde los participantes respetan ciertas reglas.
La diferencia es en el entorno de la
confrontación. Los torneos se desarrollan en
tiempos de paz, para permitir a los caballeros ganar gloria y riqueza, y
mostrar cual es el bando más fuerte y prestigioso, para el honor
colectivo. Inversamente, las batallas son organizadas en tiempos de guerra para mostrar cual es el bando más fuerte, por ejemplo para vencer a quien gobierna sobre tal o cual territorio. Permiten también a los caballeros participantes ganar gloria y riquezas (y por tanto no tenía sentido matar al adversario ya que no habría nadie para pagar el rescate). Para los grandes señores, el
rol del escudero tomó progresivamente una dimensión diplomática y se
especializó en la función del heraldo. Desarmados, sin valor de rescate,
se benefician de inmunidad diplomática de facto, y pueden desplazarse
libremente para asegurar su misión, incluyendo los campos y países
enemigos. Son sujetos, en consecuencia, de una imparcialidad y discreción
estrictas. La actividad de los heraldos se rige por todo un código de
derechos y obligaciones. Los heraldos de armas portan
una túnica, el tabardo, que los hace inmediatamente identificables. Es una
túnica densa y desciende hasta las rodillas, armada de las armas de su
señor por adelante, detrás y en las mangas. Es una vestimenta que indica
que su portador se beneficia de los privilegios de inmunidad de los
heraldos. El tabardo transforma al heraldo en un símbolo viviente de las
armas y del honor de su señor. En la Edad Media, el heraldo
se vuelve un servidor público al servicio de un príncipe o un señor. En el
desarrollo de la guerra, está encargado de llevar la declaración de
guerra, las advertencias. Para los caballeros que participan en una
refriega (sea en batalla o en torneo), puede recibir testamentos o
depósitos sagrados y se asegura de los dignos servicios funerales en caso
de ser necesario. Su rol se completa finalmente sobre todo lo que respecta
al honor: reconocer las armas de los nobles y vigila los blasones, preside
las ceremonias y los juegos, y es testigo de actos de
valor. Creación de la heráldica: En los torneos y las justas,
los heraldos anunciaban al caballero mencionando su blasón, es decir la
decripción de las figuras cubriendo su escudo, antes de nombrar a su
titular. Esta práctica es el origen del lenguaje heráldico, en un origen
natural y comprensible para todo el público. Es esta práctica la que funda
y establece la heráldica. Por una parte, fija el vínculo
entre un títular y sus armas, lo que impone como primera regla el no tomar
las armas pertenecientes a otros.
Por otra parte, implica la
equivalencia heráldica entre la representación gráfica (armorías) y la
descripción oral (el blasón), que no describe sino lo más significativo.
A partir del siglo XIV, los
heraldos se convierten en especialistas de la heráldica, o la ciencia de
las armerías y blasones. Son ellos quienes codifican la composición y la
descripción formulando, notablemente, las reglas del blasón, viajando y
estableciendo armerías para pintar y retener las que
encontraban. El rey de armas es aquel que está designado para juzgar las armerías (y los títulos de nobleza). |
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